¿Qué es la Filosofía BRAINCHEF?
Cualquier cosa que quieras conseguir en la vida, amor, felicidad, dinero, conocimiento, mejor forma física, fama, cualquier meta personal, ¿De qué depende? De tus acciones. Ríes con frecuencia y vas a mantenerte feliz. Cada día haces ejercicio físico, vas a mantenerte en forma. Si frecuentemente revisas tus finanzas y planificas te irá mejor económicamente. Lees y aprendes a diario, vas a mejorar tus conocimientos. Cada día haces algo para mejorar, te superarás.
Nos caemos una y otra vez de pequeños hasta que aprendemos a caminar. Dibujamos letras una y otra vez hasta que aprendemos a escribir. Vemos y contamos números una y otra vez hasta que aprendemos a sumar. Intentamos decir palabras tantas y tantas veces hasta que aprendemos a hablar. Cada proceso de aprendizaje en nuestra vida conlleva repetición. Puedes preguntarle a una persona ¿qué es un perro?, y podría no saber decirte una definición. Pero si le muestras la foto de un gato sabe que eso no es. El concepto se forma por cientos y cientos de perros que ha visto en su vida hasta que su cerebro formó una imagen promedio en su cabeza. Así también pasa con las demás cosas que aprendemos mientras más se repiten, tenemos una mejor idea.
Un humano tiene más de ochenta y seis mil millones de neuronas. Cada neurona puede conectarse a través de sus sinapsis con hasta doscientas mil más. Esto forma una red neuronal de conexiones impresionante que está cambiando durante toda nuestra vida. Cada cosa que experimentamos modifica nuestra red de conexiones. Así es como guardamos la información que recibimos. Todo, absolutamente todo, lo que nos pasa, lo aprendemos. Entiéndase, aprenderlo, como incorporarlo al gran almacén que es nuestro cerebro. Si escuchamos un sonido, si vemos una foto, si experimentamos frío o calor. Si se mueve un pájaro en un árbol, si olemos un mango, si hablamos, incluso cuando pensamos el propio proceso de pensamiento está cambiando nuestra madeja neuronal.
De aquí proviene la idea principal de la Filosofía BRAINCHEF. Nuestro éxito depende de nuestros hábitos, nuestras acciones repetidas. Las acciones dependen de nuestros pensamientos. Esos pensamientos son nuestras respuestas aprendidas a través del tiempo ante los diferentes estímulos y situaciones procesados por nuestros sentidos. Es un ciclo que se retroalimenta y se actualiza cada instante. Actuamos, reflexionamos y aprendemos. Ante cada nueva situación volvemos a actuar y eso nos vuelve a hacer reflexionar y a modificar lo aprendido otra vez. Exponernos a nuevas experiencias es lo que permite que cada vez sea diferente y no quedemos estancados en la misma posición. Incluso aunque nos quedemos completamente quietos, las cosas a nuestro alrededor de todas formas cambian y se mueven. Lo cual causa que cada segundo sea una nueva situación y con cada nueva información se reajuste nuestra red neuronal.
Nuestra mente es como un mono inquieto, muy sensible, que reacciona ante cualquier mínimo cambio. Basta con intentar cerrar los ojos y tratar de no imaginar una vaca roja para entender que la mente no hace caso. Por lo cual no parece sencillo controlar nuestros pensamientos, domar al mono. Un intento de los más comunes y provechosos es la Meditación, sabiduría milenaria de las culturas orientales. Consiste en acomodarse con los ojos cerrados en un lugar tranquilo, sin ruidos, temperatura agradable, sin olores fuertes. Sin siquiera haber comido para evitar cualquier distracción exterior o interior. Es precisamente durante un tiempo cortarle todo tipo de estímulo al cuerpo. Una desconexión total de toda alteración posible. Si nada lo perturba, el mono se mantendrá calmado.
Luego de cada meditación es como salir cargado de nueva energía para comprender lo que está pasando a nuestro alrededor. A través del conocimiento del mono(nuestra mente) aprendemos la causa de cada salto. Actuamos deliberadamente para que el mono salte como y cuando queremos. Es decir, comenzamos a influir en lo que pensamos.
¿Cómo lo hacemos?
Intentamos controlar cada estímulo, cada experiencia, cada información que recibimos. De esta manera solo le damos al mono lo que escogemos. En otras palabras, alimentamos nuestro cerebro de una manera controlada y con la mejor comida. Como un chef le preparamos nuestros mejores platos a nuestra mente. Escogemos que música escuchamos cada día. Seleccionamos que videos, películas, fotos y noticias vemos. Revisamos que decimos y con quien hablamos, que olemos y que comemos. Toda esta información que vamos a consumir a diario, poco a poco irá cambiando nuestra red cerebral y nuestra manera de hacer las cosas. Inevitablemente, vamos a terminar repitiendo lo que deseamos y preparando el camino para conseguirlo.
Usted podría creer que escoge lo que ve, lo que escucha, lo que siente, lo que come o huele. Sin embargo, la mayoría del tiempo no es exactamente así. Cada vez estamos más lejos de eso en este mundo moderno, lleno de tecnologías e información dirigida. Actualmente, el consumo de información a través de internet, las redes sociales, las plataformas de streaming, incluso los propios buscadores de información nos devuelven resultados acomodados a nuestro perfil. Cada búsqueda en Google o safari, cada palabra que tecleamos. Cada imagen o noticia que nos demoramos mirando o leyendo. Video en YouTube que vemos, ¨me gusta¨ que damos en Facebook o Instagram. Película que miramos en Netflix u HBO. Todo va dejando un rastro que luego estas plataformas usan para lanzar anuncios y publicidad dirigida específicamente a ti. Es como si cualquier cosa que hicieras te lo devolvieran multiplicado un montón de veces. Si por casualidad diste un clic equivocado mientras leías un sitio web. Te sobreviene una carga de información sobre lo que pinchaste. Para sumarle a esto, a través de las muchas redes sociales como TikTok, Twitter, Snapchat y otras. Nos mantenemos al tanto de todas las personas que conocemos y hemos conocido en nuestra vida. Con comentarios, opiniones y su propia visión del mundo. Recibiendo el efecto de esas personas sobre nosotros.
No es que todo esto sea malo, vivimos, crecemos y aprendemos de nuestra interacción social. De hecho, una de las grandes fuerzas que mueve al ser humano son los deseos de ser reconocido. Esto se ha potenciado con estas tecnologías. Sin embargo, es más difícil cada día mantenerse consumiendo lo que realmente nos conviene. Somos una pequeña ardilla subida a un tronco, flotando, llevados por la intensa corriente de un río incontrolable. El río es la mezcla de todo a lo que nos exponemos cada instante. Vivimos como esclavos de la dirección y la fuerza de esa corriente. Tratamos de elevar la vela de nuestras propias elecciones y navegar estas aguas tormentosas hacia donde queramos. Evitamos el contenido que nos separe del camino de nuestras metas y fortalecemos el adecuado para lograr pensamientos sincronizados con ellas. Lo mejor de todo es que si aprendemos a escoger ese contenido, regresará multiplicado y con efecto asegurado.
Esto es la filosofía BRAINCHEF. Cocinarnos nuestra propia comida mental de información. O al menos escoger un chef que cocine lo que nos gusta y nos convenga. Chequee aquí los tres pilares de esta filosofía.